viernes, 22 de junio de 2012

Caballos y vaqueros

Parece ser que la cosa va de vacaciones. Resulta que hoy, un día que ha empezado con la discusión a grito pelado de dos desconocidos por cuestiones automovilísticas: por poco no se estrellan el uno contra el otro; ha terminado siendo un día de muchas risas y de recuerdos vacacionales.

Lo de las risas viene, entre otras muchas cosas, por la forma tan ridícula y patética en la que me he cargado uno de los vaqueros que uso para trabajar. Todo comenzó con la llegada de unas copas nuevas para servir vino. Básicamente, lo que tenía que hacer era guardar las que no vamos a usar para conservarlas de repuesto. Y cuando digo guardar suena a que tenía que hacerlo en un mueble o en una habitación especial pero para nada, se trataba de colocarlas debajo de un mueble expositor que hay en la parte de abajo del spa sin agua. Un sitio que se ve que las limpiadoras  -aquí en London también hay muchos hombres que se dedican a limpiar pero en el caso de mi trabajo son mujeres- no tienen muy en cuenta al parecer, porque vaya la de pelusas gigantes que había rodeando las cajas de vasos ultraresistentes y tazas de porcelana fina. La cosa es que, además de guardar la caja de las copas nuevas, tenía que ver qué otras cosas teníamos y ahí me ves a mí tirada por los suelos, rodeada de pelusas mirando entre las cajas cuando, de repente, no puedo sacar una de ellas -la de porcelana fina concretamente-. Cambio de postura, un giro de manos por aquí, otro de pie izquierdo por allí y de repente suena: "ragshhhh". Mi cara lo dijo todo. En posición cuclillas me dispuse a ver qué había ocurrido en mi pantalón. Cuál fue mi sorpresa cuando veo mi carnecita de la parte interior uno de mis muslos (o 'muslamen' como gusta decir en mi familia, no me preguntéis el por qué) asomando entre la tela vaquera.

A pesar de ser una raja considerable, vamos que tengo que tirar el vaquero, al menos era un sitio donde no se veía nada y podía seguir trabajando sin cambiarme. Y es que luego, con la chef, además de reirnos un montón con mi "accidente" y pensar en lo divertido que tendría que ser ver el vídeo de seguridad de hoy, hemos recordado el día que a ella se le rompió su pantalón, pero lo que viene siendo todo el culo -o "culamen", dejémoslo a gusto del consumidor-.

 'Anyway', no os preocupéis que mañana voy a comprarme otros. Quiero decir, tengo otros vaqueros azules para trabajar pero estos que he roto eran los de repuesto y, evidentemente, necesito otros. Es la gran ventaja de tener uno de los centros comerciales más grandes de Europa a cinco minutos de casa. Lástima que mañana sea sábado y haya el triple de gente. Con lo que me gusta Westfield los días de diario...

Os preguntaréis que a qué viene pues lo de las vacaciones entre tanta historia de esas absurdas que me pasan a mí -algo que me ha ocurrido siempre, no sólo en London-. Pues veréis, cuando todo apunta a que nos quedaremos todo el verano en Londres, hoy todo el mundo a mi alrededor hablaba de vacaciones. ¡¡¡ARGGGHHHH!!! Ya ayer una compi de clase me dijo que se iría todo un mesecito a España, pero lo de hoy... Eso no tiene nombre. Mi compañera brasileña de recepción va a España también, mira por dónde: Ibiza, Valencia y Benicassim para el festival; una de las esteticistas, española concretamente, va a la tierra patria en unas semanas; la chef hablando de sus próximas vacaciones en Tailandia y luego, Francia; una clienta contándonos que pasará un mes en Italia; mi amiga Orsy que continúa de vacaciones en su país -Hungría- donde al parecer tuvieron hace unos días muchísimo sol y calor, creo que sólo duró un día pero ya suena más a vacaciones que el frío helado que estaban pasando.

Y yo mientras tanto, ¿qué hacía? Pensar en matar al próximo que volviera a hablarme de vacaciones. Eso, y acordarme de momentazos divertidos de mis días en Málaga, aquellos días que ahora se ven tan lejos. Uno de esos recuerdos: aquella cenita con mis niñas del periódico en la que me enteré que lo último en España para cuidar el cabello es champú para caballos. ¿Cómorl? Sí, sí. Vosotros los que me leéis desde Spain no os extrañéis de nada porque deberíais saberlo para estar a la última. Mis amigas ya lo usaban. Al parecer lo recomiendan hasta peluqueras y dermatólogos como medida para tener un pelo más fuerte, sano y evitar su caída. Eso sí, hay que usarlo con moderación, con una vez en semana iba bien según me dijeron, no se te vaya a poner el pelo tan áspero como el de los caballos. Me imagino las miles de personas que en su día pasaron la fatiga de ir a la tienda de animales a preguntar por el susodicho producto cuando aún no era una moda. Porque por lo visto ya se han hecho numerosos reportajes al respecto de si es verdad o no que el famoso champú con biotina funciona. Y es que hasta las marcas han aprovechado la ocasión yahora usan biotina en sus champús...

Entre risas interminables durante la conversación, ya que yo no me podía creer lo que escuchaban mis oídos, Déborah e Inma me aconsejaron probarlo simplemente y ver qué tal. He de confesaros que aún me sigue sonando raro y que aún no lo he hecho porque, seamos sinceros, ya me pasan bastantes cosas de risa como para plantarme en pleno London en una tienda de animales para pedir el champú para caballos y que aquí no esté de moda o no sepan ni para qué lo quiero. Seguramente terminarían preguntándome por mi caballo y yo tendría que inventarme sobre la marcha, y en inglés, una vida nueva como jinete... Así que mejor no. En fin, si algún día averigüo si la moda equina también existe en Londres, o existió con anterioridad, os lo haré saber.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...