miércoles, 20 de junio de 2012

Con sandalias y a lo loco

"La gente te espera", acaba de decirme mi padre cuando me han preguntado si había algún post nuevo y les he dicho que no, que era mi intención escribir algo nuevo hoy, pero no me había sido posible hasta el momento. La cosa ha sido así: día de descanso, levantarme tarde, desayunar tarde, poner lavadora -sí, sí, no paramos de lavar, que somos muy limpios- ducharme tarde, arreglarme tarde, ir al supermercado, almorzar tarde no, tardísimo -a las 17 h. de UK o Canarias como más os guste- y quedarme dormida isofacto...

No tengo remedio: soy una vaga -tengo mis momentos también, ¿eh? Y eso sí, en el trabajo nada de vaguezas, que curro como la que más- y desde que trabajo de pie todo el día cuando me quedo dormida lo hago con más rapidez aún de lo que lo hacía antes. Javi explica todo esto de una forma muy divertida. Según él si estamos hablando acomodados en la cama, como haya una pausa de más de cinco segundos, no vuelvo a responder. Sin duda, él tiene muchas más anécdotas sobre mis horas de sueño que yo y, sobre todo, las cuenta de forma mucho más divertida. Lo cierto es que he de reconocer que la siesta de esta tarde -súper tarde- ha sido de esas profundas en las que realmente descansas y luego cuando te despiertas estás desubicada y no sabes si es de día, de noche, si tienes que trabajar o no... Pues una de esas ha sido. Y además con remoloneo final, que es lo que más me gusta a la hora de levantarme, cuando tengo tiempo para remolonear e ir retrasando el despertador poquito a poco hasta que ya tu propia conciencia te avisa de lo penosamente vaga que estás siendo.

Sin duda, ha sido un día de lo más extraño. No lo tenía así planteado, pero es como ha salido. De hecho, aún tendría que mirar alguna cosilla para el examen de inglés de mañana... ¡Que mira qué hora es ya! Bueno, "el de mañana es fácil", me dice el diablillo del hombro izquierdo mientras el angelito del derecho me alienta a que, al menos, eche un vistazo a los 'writting' que he ido haciendo este curso...

Decía que el día había sido muy raro y es cierto... ¡¡¡Qué calor!!! No me lo podía ni creer cuando he pisado la calle. Aunque, por otra parte, ya era hora. El gran dilema de hoy ha sido: ¿Qué zapatos me pongo? ¿Me atrevo con sandalias o no? Desde que esta mañana, después del desayuno -es decir en torno a las 12 pm- me he encontrado en la saloncina con mi compañero de piso italiano y me ha hablado del calor "extremo" que hacía en el exterior, la duda se ha apoderado de mí. Y digo "extremo" porque es tal y como él me lo ha dicho -'extremely hot' es 'extremely hot' aquí y en Pekín, y eso es lo que hay-. El pobre venía sudando, las cosas como son, pero claro, miré por la ventana y el cielo hacía entrever que se avecinaba, cuanto menos, un tornado. Porque esa es otra, hoy se suponía que estaría soleado todo el día, de acuerdo con mi fiel amigo del tiempo de la BBC, pero no hay derecho a que el sol salga a relucir a las 6 am y a las 12 pm parezca que se avecina el diluvio universal. Creedme, algunos días de estos en los que ha salido el sol a ratos, me he despertado sobre las seis de la mañana con una claridad anormal. Pero claro, si tienes en cuenta que aquí ahora está amaneciendo en torno a las 4.30 am y anochece en torno a las 22 pm... Podéis pensar, aunque no os quepa del todo en la cabeza, que es normal que a las seis o siete de la mañana pueda hacer un solazo como si fuera medio día en España, pero, normal o anormal, no hay derecho. Y por más que siempre esté rogando por un poco de sol y buen tiempo no podéis imaginar la mala leche que entra cuando te despierta el sol de esa manera y a horas intempestivas. En cualquier caso, soy consciente de que necesito unas cortinas más gruesas, no os preocupéis -sí, UK es otro de esos países donde las persianas no llegaron...-

Pero sigamos hasta llegar a mi dilema del día. A pesar de que hoy no tenía ningún plan especial y que únicamente saldría al súper, me he puesto monísima. Es lo que pasa cuando no te arreglas en exceso frecuentemente, que da igual que vayas a por el pan debajo de tu casa, que quieres ir divina. Pues eso es lo que me ha pasado hoy. Primero la duchita, con limpieza de pelo incluído, y con el momentazo de abrir la cortina como si fuera una estrella de cine. Creo que eso es algo que he desarrollado aquí y, sinceramente, desconozco el motivo de por qué actúo de esa forma, pero lo hago. Veréis: odio las cortinas de la ducha desde siempre. Son un incordio, no dejan de moverse, se pegan al culo y a cualquier parte... Pero bueno, algo malo tendría que tener esta casa. Así es que tengo mi propio ritual al entrar a ducharme: pego los bordes de la cortina al borde de la bañera creando un surquito en el que echo algo de agua y así ni se mueve ni se me pega la cortina, sino que se mantiene en dicha posición. Funciona en el 95% de los casos, eso sí. Y cuando no funciona es porque el canalito tiene tanta agua, y peso, que puede más y tira del resto de cortina hacia fuera creando una piscina en el suelo del baño. Hoy no me ha pasado, pero la última vez que me ocurrió coincidió con que en mi momentazo estrella de Hollywood al terminar la ducha descubrí, además de la piscina que había creado en el baño, que la puerta estaba abierta... Mi cara y mi reacción cerrando la cortina como si no hubiera mañana no tuvo precio. Fue para verme y creedme, porque enfrente de la ducha hay un espejo, con lo que yo me vi.

Hoy no me ha pasado nada de eso pero a la hora de vestirme... Ay, ¡qué dilema! El sol seguía sin hacer acto de presencia aunque el calor era palpable en el ambiente. Sin pensarlo dos veces me hice la atrevida: camiseta de manga corta con una camisa por encima, falda y sandalias. Eso sí, añadí los 'leggings' pensando que pasaría frío y ¡qué leches! -disculpen la expresión pero incluso había pensado otra peor-. En cuanto pisé la calle salió el sol y hacía un calorazo... Y yo con esas pintas, de invierno-verano, "arreglá pero informal" como se dice en mi tierra. Menos mal que aquí en London, cada uno va a su bola y nadie se fija demasiado aunque sí había gente mirándome algo raro las piernas, como hacía yo cuando visité Japón el agosto pasado y con el calorazo que hacía veía a las japonesas con medias, pues igual.

"¿Y todo esto para ir al supermercado?", pensaréis. Pues sí, así soy yo. Simple y compleja, "arreglá pero informal".

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