martes, 3 de julio de 2012

Cambiando Picadilly por Gibraltar...

Otra cosa no, pero arte tenemos de sobra en Spain -bueno, llamémosla España por hoy-. Nuestra economía no funciona, los políticos no valen, podemos decir que un montón de cosas no funcionan en nuestro país. Pero, eso sí, nunca jamás podremos decir que los españoles no tenemos arte. Y no me refiero a la peineta, los toros y el traje de flamenca, precisamente, como algunos se empeñan en destacar. Hablo de la gente, del pueblo, de la actitud, la forma de ser... ¡Tenemos arte!

Todo esto viene a las celebraciones de la Eurocopa 2012. No sólo Reina es el único gracioso y con arte en España. Somos muchos más. Digo "somos" porque a mí personalmente desde que llegué a este país no dejan de decirme que soy graciosa y divertida... Sé que no queda muy bien el hecho de decirlo, sobre todo porque no me encuentro graciosa, puede que algo peculiar y diferente, pero nunca he pensado que soy graciosa. De hecho, soy terrible contando chistes, pero para eso en la familia ya tenemos a mi primo Migue, así que nunca he tenido la necesidad de ser buena en eso.- Pero de lo que quiero hablaros es de lo bien que lo pasé en la final, y sobre todo después, de la Eurocopa.

Todo comenzó con un plan de estos en los que hablas con mucha gente para quedar, pero al hacerlo, se añade la clásica coletilla -desde que existe el teléfono móvil- de "cuando esté por allí te pego un toque", o "sí, sí, mañana lo hablamos". Qué es lo que ocurre al final, que te quedas sin plan. Así las cosas, después de que fallaran los planes con varios amigos, Javi se vio en la situación de ver el fútbol rodeado de chicas, amigas mías de Londres -bueno, españolas pero a las que he conocido aquí-. Y fijaos por dónde, casualidades de la vida, dos de ellas son periodistas y de Málaga... Así pues, Javi vio el partido rodeado de chicas a las que no les gusta el fútbol -salvo a mí, aunque sin ser una gran entendida- sino que estaban allí por el ambiente y la emoción: una final es una final. Os podéis imaginar: "mira ese qué bueno está", "¿por qué no saca a Llorente?", "ahora, ¿en qué portería marcamos?", "¿qué es un fuera de juego?", "sí, sí, pero ¿cuánto le queda al partido?"... Lo típico con niñas a las que no les gusta el fútbol. Pero no puedo decir que lo pasará mal, eso sí. Pareció reírse mucho y si a eso añadimos la euforia por el baño que España le dio a Italia... mejor que mejor. 



Después de ver el fútbol en un pub de Covent Garden, nos fuimos a Picadilly Circus a encontrarnos con uno de esos amigos -en este caso de Javi- con los que finalmente no pudimos citarnos para ver el partido. Quedamos allí con él y con su novia, una joven canadiense que, además de unirse a la locura de la final de la Eurocopa, estaba celebrando el día nacional de Canadá. Sí, sí, aquí en Londres podías ver, además de italianos y españoles, a miles de canadienses con la hoja de arce por todas partes. Detalles a un margen, la verdad es que no nos podíamos imaginar la que había montada en Picadilly. Cuando llegamos allí, su famoso Eros, la estatua en la que queda medio Londres para encontrarse, estaba rodeada por miles de españoles. Los colores rojo y amarillo estaban por doquier y hasta el propio Eros se había españolizado portando la bandera patria en uno de sus pies. Los gritos de "campeones" y "qué viva España" se escuchaban desde Leicester Square. En otras palabras, sólo veías españoles por el centro -y evidentemente, era prácticamente el único idioma que se escuchaba. Coches pitando con banderas españolas... Todo era español, parecía que nos hubiésemos trasladado a España. Y no sólo a nuestro país, sino a nuestra ciudad, porque no vimos ninguna camiseta ni bandera del Real Madrid o del Barça, pero del Málaga unas cinco. Os podéis imaginar a Javi, socio del Málaga desde niño, los iba abrazando a todos con una alegría inmensurable.

Evidentemente, cuando estás fuera disfrutas más que nunca de los colores, así que decidimos introducirnos y disfrutar de todo el follón. Y vaya si lo pasamos bien en medio de aquel meollo. Hicimos la ola, gritamos, cantamos... Y sobre todo, reímos. Hubo varios chicos, y alguna chica, que quisieron llevar la voz cantante -y los demás los seguimos con gusto- y hacer de Pepe Reina improvisado, usando los mismos cánticos que el portero hizo famosos en celebraciones anteriores. Aquello de: "Camareroooo" -"¿Qué?" -"¡Una de champiñones!"  -"¿Una de champiñones?" ... Y todos a la par: "Champiñoooones, champiñoooones, oeee, oeee, oeeee". Toda una experiencia revivir esos cánticos en Londres, en pleno Picadilly, rodeado de miles de personas, y con uno de ellos -fue uno de los casos- subido a una farola. No sabía ese chico, que tuvo sus quince minutos de gloria aquella noche, la que le esperaba, porque en cuanto se subió con él una chica para cantar lo que pareció una especie de copla -o puede que fuera saeta...-, todo el público a sus pies comenzó a gritar: "Que se besen, que se besen...". Acto seguido se escucha la réplica del muchacho, que os transcribo tal cual sonó: "¿Qué dice, io?" Eso sí, el chico tuvo sus besos delante de la multitud española que no perdonó una porque poco después subió a la farola la que imagino era su novia, y allí que se besaron tan ricamente.

No quedó ahí la cosa. Como he dicho la gran mayoría era española, pero había gente de todas partes del mundo -una minoría- que se dispuso a compartir y disfrutar el triunfo español. Ellos gritaban como uno más, a su manera, en una lengua inventada que trataba de ser español, y sin saber qué decían, por supuesto. Al lado nuestra, además de la farola, teníamos tres chicos asiáticos -llamados comunmente chinos, sean del lugar que sean- que se lo pasaron en grande. En un momento de desenfreno uno de ellos se subió a la famosa farola y a los dos minutos se cayó. El mazazo fue considerable y yo temí ver sangre y desmayarme -soy muy sensible para la sangre-. Pero no. El chino se levantó sin más y siguió con su particular fiesta cuando, de repente, a los cinco segundos, todo Picadilly chillaba: "¡Ese chino es español! ¡Ese chino es español!" Y hasta el propio chino lo repetía... Pobre... No sabía que hablábamos de él. 

Otra cosa no, pero arte hay de sobra en España. Simplemente, somos gente con arte. Un arte que "no se puede aguantá". Porque escuchar alto y claro entre la multitud un "Viva el Cautivo" tan puramente malagueño, no tiene precio.



2 comentarios:

  1. Irene soy Raul el novio de Ana Julia, y se me ponen los pelos de punta de leerte.

    Todo esto lo viví yo en la anterior Eurocopa y me lo pase en Grande.

    Acabo de descubrir tu blog y me gusta mucho ya que me siento muy identificado,sigue escribiendo y asi me haces llevar un poco mejor estar fuera de esa ciudad que tanto me gusta.

    Muchos besos y disfruta de la ciudad que cuando te vuelvas la recordaras como parte de ti.

    Animo y un abrazo a Javi

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  2. Hola Raúl! Y bienvenido a unamalagueñaenlondon! no te preocupes que seguiré escribiendo y disfrutando de esta maravillosa ciudad, y así tú podrás recordar cosillas a través de mis historias!

    Mil gracias por tu mensaje! Me ha encantado! Os mando un besazo enorme a Ana y a ti desde esta ciudad que tanto queréis! Y ya sabes, cuando tengáis un dinerillo ahorrado, aquí os quiero ver! Conmigo aquí ya tenéis una nueva excusa para venir a London! Espero que todo vaya bien por allí!

    Un beso,
    irene

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