viernes, 27 de julio de 2012

Una infancia sin Heidi

Olimpiadas, Olimpiadas, Olimpiadas... -Olympics, para los ingleses-. Lo único que oigo, leo y veo por todas partes está relacionado con las Olimpiadas. Y lo que es peor, todo el mundo me pregunta por ellas. Como si yo tuviera tiempo para pasearme por Londres en busca de información olímpica... Más quisiera yo, pero no lo tengo. Lo único que os puedo decir es que todo es un caos, sobre todo los transportes y el tráfico, lo que hace que afecte a todo lo demás. Eso sí, también os puedo decir que hoy a la salida del curro me he pasado por Tesco, uno de mis supermercados de confianza, y estaba mucho más vacío de lo normal, como si una multitud hubiera arrasado con todo. Y la verdad es que, ahora que lo pienso, a esa hora -alrededor de las 18.45 horas- había mucha más gente de lo normal por las calles de Holland Park, un barrio de lo más tranquilo, además de pijo. Al margen de estos detalles, poco más os puedo decir de las Olympics. No he visto nada de decoración, ni London Bridge con los aros, ni la antorcha... Nada de nada.

Y en medio de toda esta locura olímpica os parecerá mentira pero mi mayor preocupación del día -llamémoslo trauma si preferís- ha sido descubrir que mi amiga Orsy no sabe quien es Heidi, ni ha visto los dibujitos en su vida. Y os preguntaréis cómo es posible... Yo también me lo he preguntado. Especialmente porque soy de esas personas a las que les encanta decir eso de: 'Si no has ....... -lo que sea que quieras decir-, no has tenido infancia'. Cualquiera que me conozca sabe que uso bastante esa frase -espero que reconozcáis la exageración malagueña en este punto: tampoco es que pueda construir un diálogo a base de repetir y repetir la misma frasecita; dejémoslo en que me gusta usarla cuando encuentro la ocasión perfecta- y el hecho de haber visto Heidi se amolda a la perfección con dicho juego de palabras. De hecho, creo que alguna vez lo he usado. Y hoy, por supuesto, lo he pensado.


Todo ha salido porque la pobre Orsy ha empezado a toser compulsivamente y su garganta ha terminado emitiendo un sonido que me ha recordado a los ladridos de Niebla, el perro extremadamente vago del abuelo de Heidi. Y claro, ni corta ni perezosa, se lo he dicho entre risas. Cuál ha sido mi sorpresa cuando me ha preguntado: '¿Heidi, quién es Heidi?'... Conmoción, silencio absoluto. Imaginaos mi cara y mi posterior explicación: 'Sí, hombre, esos dibujitos japoneses súper antiguos de una niña huérfana que es llevada a vivir a los Alpes con su abuelo -un hombre de lo más desagradable que aprende a ser cariñoso y a cuidarla y quererla-...' Y ella con cara de póquer como diciendo: '¿qué me estás contando?'. Evidentemente le he tenido que reconocer que la historia era un poco triste, algo macabra para niños pequeños ahora que lo pienso, pero bueno, peor es la de Marco todo el día buscando a su madre con su mono Amedio. El caso es que no hubo manera, ni explicación de la trama, ni detalles de su amigos Clara -esa dulce niña en silla de ruedas- y Pedro -el cabrero-, ni nada. También he probado enseñándole una foto en cuanto he tenido ocasión, pero ni por esas. Orsy no ha visto Heidi en su vida, ni sabía de su existencia. Y no es la única; otra compañera, ésta de Sudáfrica, tampoco ha oído nunca hablar de la dulce Heidi...

Luego te pones a pensar y parece mentira lo diferentes que somos según el país en el que hayamos nacido. También es cierto que tenemos muchas cosas en común, más de las que podemos imaginar como ya os he contado en algún 'post'. Pero algo que los españoles damos por hecho -que todo el mundo ha visto Heidi porque forma parte de nuestra infancia- no se sabe ni lo que es en cualquier otro lugar del mundo. En el caso de Hungría, Orsy me ha dicho que, al formar parte de la Unión Soviética, la televisión sólo emitía dibujitos rusos para los niños durante su infancia y, aunque con la disolución de la misma en 1991, el abanico televisivo se amplió, se ve que se han perdido joyas como Heidi.

Y aquí estoy yo dándole vueltas al asunto con la canción del 'opening' de Heidi en la cabeza, que yo la solía cantar en 'japo', por supuesto. Recuerdo que tras el: 'Io lero lero ujuuu, iohujuu, iiohujuuuuuu', solía cantar algo así como: 'cuchicue, va matsel, ocupate coe yu no...' Y luego, tras ese japonés tan vibrante, añadía: 'nanana na na, na na nanaaaa...'. ¿Cómo es posible vivir sin Heidi? Y sobre todo, ¡sin Pedro! Nótese mi tono de alarma porque aquí donde me véis yo estaba enamoradísima de Pedro, el amigo cabrero, sí, sí, ese mismo. Sé que a las niñas de mi edad les 'ponía' más Oliver, de Oliver y Benji o Goku... Nada, nada. Yo me quedaba con mi cabrero y a mucha honra. Pero yo lo hubiera compartido con Heidi, ¿eh? Que recuerdo que de pequeña siempre quise que la serie terminara con los dos amigos dándose un besito inocente, pero nada. Eso sí, años después disfruté como una enana con el anuncio de Pepsi en el que Pedro y Heidi se encuentran de mayores. En fin, con el anuncio os dejo. Eso sí, os prometo que investigaré si mis compañeras ingleses conocen la serie...


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