viernes, 14 de septiembre de 2012

"El Milla Verde"

No os lo he dicho, pero justo después de que terminaran las visitas del mes de agosto, llegaron a casa otros visitantes. LLegaron sin avisar y cargados de cosas. Aún recuerdo el día que lo descubrimos. Javi y yo llegamos a casa por la noche y al entrar, sus cosas estaban esparcidas por todas partes. Marco, nuestro flatmate italiano, estaba en el salón. 'Chicos, tenemos obras en casa', anunció. ¿Perdona? Cara de póquer... -Confieso que siempre he querido usar esa expresión, aunque aún no sé muy bien cómo escenificar dicha cara-. 'Sí, sí. Yo tampoco sabía nada pero ya han dejado todas las cosas', dijo Marco. Y así fue como empezó todo. Sin decir ni mú, sin saber exactamente quién se encarga de la obra ni quién había mandado hacerla y sin saber cuándo harían el cuarto de cada uno y cuándo tendríamos que recoger el mayor número de cosas personales posibles, para no tener nada por medio. Y nuestro casero... Esa es la mejor parte. Él tampoco tenía ni idea de nada de esto. 


Y así fue como conocimos a Mark, más conocido en casa como "el Milla Verde", básicamente porque recuerda al gran Michael Clarke Duncan, que en paz descanse. En la cara no se parecen en nada, pero al ser un negro tan grandote fue lo primero que se nos ocurrió. Milla Verde y su compañero "el rastas" son dos chapucillas que trabajan sin presiones y a ritmo de reggae. Ahí es nada. Buena gente y muy apañados pero sin ninguna prisa. Podían decirte perfectamente que llegarían a las 9.30 y aparecían en torno a las doce de la tarde. De ahí que la obra durara más de lo previsto. Porque tampoco era para tanto. Han pintado toda la casa, has cambiado las puertas, el suelo de la saloncina y el del rellano del piso de arriba y de la escalera, han arreglado un par de cosas en el baño y en la cocina y poco más. Digamos que le han hecho un lavado de cara al piso, porque también nos han cambiado la lavadora, que se rompió durante la obra, han cambiado el lavavajillas, que no funcionaba, por una secadora, y han cambiado una de las neveras. Lo único que queda por hacer es que vengan los sofás nuevos y todo estará listo. ¿Y quién se encarga de esto? O ¿quién paga? Es un enigma. Al parecer, como se trata de un bloque de viviendas sociales, es el ayuntamiento quien se encarga de todo. Increíble pero cierto.

Y ahora que todo ha terminado -ayer se incorporaron la secadora y la nevera nueva- y a pesar de habernos quejado bastante del Milla Verde y del rastas -al menos yo, porque lo que es ser limpios y cuidadosos no iba demasiado con ellos- los echaremos de menos. Eso sí, siempre nos quedarán las anécdotas; la mayoría de las cuales se deben al hecho de que era imposible entender a ninguno de los dos porque hablaban "a lo paki". No sé si alguna vez os lo he explicado pero en Londres hay muchísima gente hindú y árabe. Y a pesar de que muchos de ellos llevan años y años viviendo aquí y hay muchas familias que ya son inglesas, hablan un inglés de lo más extraño. Un inglés al que los ingleses ya se han acostumbrado pero para la gente que viene de nuevas, suena totalmente diferente. Y cuidado con los pakis, como son llamados también por los propios ingleses -no importa de dónde vengan-, porque si no los entiendes a partir de la segunda repetición que le pides se sulfuran y se alteran como si hablaran el más perfecto de los ingleses, vamos.

Como decía, Milla Verde y el rastas hablaban "a lo paki" y yo muchas veces les contestaba sin enterarme de nada. Y así fue como en más de una ocasión los dejé tirados y cuando ellos me preguntaban algo que yo pensaba era una afirmación, mi respuesta era simplemente una risilla de 'sí, sí... pero no me he enterado de una mierda' -disculpen la expresión-. O como el día que el rastas vino a mi habitación con un wok y un cazo en mano -por cierto, para el que no lo sepa, aquí va un ejemplo de la facilidad del inglés como idioma. Cacerola en inglés es 'pan', sartén es 'frying pan' o lo que es lo mismo "cacerola para freir"; y cazo en 'sauce pan', algo así como "cacerola para salsas"-. Pero la cuestión es que él venía con el propósito de arreglar la calefacción de mi cuarto y yo, al no entender nada, pensé que me estaba preguntando si podía dejar cosas de la cocina en mi habitación -yo y las películas que me monto sola...-, y teníais que verme: la amabilidad en persona cogiendo los cacharros de sus manos y poniéndolos en la mesa. Su cara fue un poema, como os podéis imaginar. Con ellos nos ha pasado de todo, desde ponerme de los nervios al ver un banco de trabajo encima de la cama, por supuesto sin ningún plástico protector para la cama ni para nada -menos mal que a Javi se le ocurrió dejar otra sábana encima, por si acaso- hasta quedarse Javi fuera de casa por estar uno trabajando en la saloncina y la escalera recién pintada... Y los dos comunicándonos por whatsapp, yo desde la habitación y él en la escalera del bloque.

Mil historias que contar, al fin y al cabo. De hecho, gracias a Milla Verde, al nuestro, jamás olvidaré el día que murió el Milla Verde original, Michael Clarke Duncan. Momentos antes de enterarme de tal fatídica noticia, yo estaba pensando que algo le habría pasado a Milla Verde -al nuestro- porque eran las 12.45h de la tarde y aún no había aparecido. Cosas de la vida...

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