lunes, 15 de octubre de 2012

Insomnio

Hay días en que, por más cansada que una esté, no se puede dormir. Hoy es uno de ellos. Puede que coincida con que mañana, o más bien en un rato, parto rumbo a Dublín con Javi -una breve escapada de tres días a la que hemos denominado 'nuestras vacaciones'-. Normalmente me cuesta dormir antes de un viaje. Llamémoslo nervios o como queráis. Y si, además, añadimos el hecho de estar tan extremadamente cansada por estos días sin descanso que llevo arrastrando... Suma y sigue. Ya sabéis que he estado bastante liada, así que al menos tenía una buena excusa para no sentarme frente a la pantalla y dejar mis pensamientos fluir. De hecho, pensaba no hacerlo hasta después de mis 'vacaciones'. Pero aquí estoy, a las 2.35 am, esperando a que el despertador suene dentro de 40 minutos. Las horas que siguen se pueden resumir en: arreglarse, coger un autobús -o dos- para ir a Victoria, coger un autobús desde allí para ir a Stansted, desayunar y al fin... volar.

En un principio, había decidido dormir... Lo que viene siendo una siestecita de unas tres horas. Soy una dormilona, ya sabéis. Pero me temo que no ha sido posible. El sueño no venía a mí. Y eso que no dejo de bostezar... No encontraba la postura, tenía calor, luego frío... Y después está Javi, que habiendo decidido no dormir antes de volar, porque según él se levantaría más cansado -cosa que no discuto- se dispuso a jugar en el ordenador para matar el tiempo. No contaba con que, no habiéndose recuperado al cien por cien de su resfriado, la tos había empeorado... Así pues, ahí lo tenéis. Pasamos todo por la batidora, mezclamos bien y heme aquí; matando el tiempo delante del ordenador. Parecemos una pareja de frikis los dos con los portátiles en la cama.

No tengo mucho más tiempo antes de que el despertador suene. Pero por poneros un poco al día, os cuento. Hoy ha terminado la que ha sido mi segunda semana en John Lewis, donde por cierto, ya es Navidad. Tenemos el centro comercial lleno de estrellas por doquier. Aunque bueno, también es Navidad en Oxford St, lo que significa que es Navidad en London, básicamente. Me gusta. Este año me noto más espíritu navideño... Habrá que ver qué tal sale la cosa eso sí... Me refiero a los días importantes, con quién los pasaremos, con quién no... Todo llegará. El caso es que en mi segunda semana me he encontrado mejor, ya puedo contestar a la mayoría de clientes cuando me preguntan dónde están ciertas marcas, o los zapatos o los abrigos. Y lo más importante para las 'ladys' más maduritas, y una de las preguntas estrella: "¿Dónde están los jerseys y rebecas -'cardigans'- de cashmere?" En fin, es un avance, en cualquier caso. Sobre todo, al recapacitar y darte cuenta de que la semana pasada sólo era capaz de ubicar el baño, la caja, los probadores y Mango... Bueno, y hoy una mujer me ha preguntado por Desigual. Pero claro su pronunciación era para escucharla... Ya no era ni más ni menos inglés, es que la mujer me separaba la palabra y yo estaba pensando en alguna diseñadora que se llamara 'Desi y algo más'... Yo no la entendía, era imposible, y ella explicándome que la marca era española y patatín y patatán. Claro, yo le he dicho que soy española y que no sabía de qué me hablaba. Y cuando me lo ha deletreado... Ayy, madre mía, qué risa. Y la pobre mujer disculpándose por si no lo había dicho bien...

Poco más que contar con el escaso tiempo que me queda. Estoy bien. Sigo viva. Algo que parecía difícil después del increíble herpes labial que os comenté la última vez que escribí. Aquello derivó en un volcán o una malformación o a saber qué, pero lo cierto es que mis labios parecían mal operados, me sentí un engendro... Algo entre Angelina Jolie y Carmen de Mairena por un par de días, he de confesar. Y qué dolor... Sobre todo el sábado. Y claro, trabajando de cara al público, la gente me miraba con una cara... ¡Así fueron las ventas el domingo pasado! Pero ahora todo ha vuelto la normalidad. Y lo cierto es que las ventas hoy: mejor. Todo puede ser que no vendiera el domingo pasado por fea y deforme.

Os tengo que dejar. Suena la alarma. Ha llegado la hora. ¡¡¡Dublín me espera!!!

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