sábado, 12 de enero de 2013

Una malagueña en Málaga

Decían que hoy iba a nevar. No ha sido así, al menos por ahora. Pero no quita el frío que está haciendo, rondando los cero grados. La nieve se siente aunque no esté, la verdad. La gente comenta que el frío de estos días es de nieve. Bueno, yo ya me he olvidado más o menos de cómo era ese frío porque sólo nevó una vez el año pasado, pero hace mucho mucho frío. De ese que duele al respirar.Y entre el dolor y la nariz taponada -sí, sí, aún me dura el resfriado de antes de Navidad...- pues una termina respirando a duras penas, como se pueda. Es decir, por la boca la mayor parte del tiempo. ¿Consecuencia? La garganta chunga también, de nuevo...

Por lo demás todo bien, gracias. Mi ausencia se ha debido a un, breve pero intenso, viaje a casa por Reyes que me ha mantenido ausente en el ciberespacio. Quería escribir, lo creáis o no, pero no he parado en casa ni un minuto... ¡Qué viaje! Ni vacaciones ni nada, al final. He vuelto reventaísima y al día siguiente vuelta al curro. Y desde entonces tampoco he parado. Pero... ¿y lo bien que he estado allí? Nada más llegar: puchero de mi madre, plato que se ha terminado convirtiendo en mi comida favorita, al menos es el que más echo de menos. Le comenté a una compañera del 'spa' en qué consistía el puchero -más o menos... como pude, vamos- y me dijo que por qué no lo hacía aquí... ¿Que por qué? Para empezar más del 80% del arroz que se vende por aquí es largo, tipo 'basmati', aunque luego te venden el 'basmati' por otro lado; luego los garbanzos, que por más que los dejes en agua una noche entera, tardan en hacerse infinitas horas y al final cuando crees que están listos, siguen duros... Pero, y el hueso y el tocino, ¿de dónde los saco? Que le intenté explicar lo que era el tocino y no había forma...

De todas formas, he comido demasiado. Prácticamente, terminé comiendo porque tenía que hacerlo. Vamos, porque quedaba con alguien y había que comer, no iba a quedarme observando como comían los demás. Pero, que yo recuerde, he comido con sensación de hambre en dos ocasiones: el puchero cuando llegué -un jueves- y el lunes a medio día en el Papulinos. En plena reunión familiar, recuerdo estar leyendo la carta y notar una cosilla en el estómago mientras pensaba lo rico que estaba todo. ¿Lo demás? Comer por comer. Buenísimo todo, eso sí. Tapitas por doquier -las mejores en cuanto a calidad/precio las de La Pluma: mi pollo pimienta y mi pastel de carne... canela en rama-, cazuela de fideos de mi madre, patatas rellenas de mi tía Paqui, boquerones fritos, campero, picoteo navideño, roscón de reyes -me pregunto por qué ultimamente le tocan siempre las sorpresas a mi Conchiti...-. ¿Y los desayunos? molletes con tomate y aceite, pan con zurrapa de lomo, manteca colorá... Todo lo que cuente es poco. Ahora bien, lo mejor de todo ha sido estar con los míos: familia y amigos. De un lado para otro y sin parar, sí, pero con mi gente. Lo que se dice estar en mi salsa, vamos. Ir de compras a sitios que conozco, conducir mi Micrilla con el CD de mi amigo Osete a tope, salir de casa con las gafas de sol... ¡Qué tiempo tan bueno me ha hecho! De día, todo hay que decir. Que luego atacaba la humedad malagueña -la peor del planeta me atrevería a decir- y calaba hasta los huesos. También he gastado mucho dinerito, la verdad. Pero como dice Javi, mejor gastarlo allí tal y como está la cosa.

Una de las mejores cosas que me ha pasado es que me han llamado 'tita' por primera vez en mi vida: la sobrina de Javi, que dibuja sonrisas vaya donde vaya. Y en cuanto a rarezas... Bueno, los dos primeros días miraba al lado contrario de la carretera para cruzar -lo que deduzco significa que ya me he acostumbrado al modo inglés- y me alucinaba el hecho de entender el cien por cien de las conversaciones de la gente a mi alrededor. Fue muy extraño porque me entraron ganas de cotillear todo. Y poco más que contar, la verdad. He ido a algún que otro sitio nuevo que no conocía aún, como el famosísimo Muelle 1 del puerto, que me ha encantado, o la hamburguesería Peggy Sue, que te lleva a los años 50 en EEUU...

En definitiva, muchas risas, muchos besos y abrazos y mucha comida. Y ahora, toca ponerse al día con los propósitos. Para empezar ya he cumplido uno de ellos y a finales de este mes termino en uno de mis trabajos... Próximamente, nos pondremos manos a la obra con la búsqueda de un hogar cálido y acogedor para dos. ¡Seguiré informando!


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