viernes, 8 de febrero de 2013

Como una princesa

Lo único que quiero es beber agua... Refrescante, hidratante, enriquecedora. No se me ha ido la olla, no. Hace cosa de tres horas que me desperté de la siesta y aún me duran los efectos secundarios. No es algo que suela hacer a menudo -lo de la siesta digo-, entre otras cosas porque hay veces que me sienta mal y me levanto cabreada, pero otras veces sienta tan bien... Ha sido una de esas siestas de poco más de una hora de las que cuesta salir; el halo del sueño te acompaña por unos minutos después de despertar. Te atrapa. Quieres abrir los ojos y no puedes y cuando lo haces, se cierran de nuevo. Al final se convierte en un duro proceso de lucha contra uno mismo y, cuando empiezas a recuperar la consciencia, te das cuenta de que ha sido una siesta placentera. Pero también eres consciente de muchas cosas más, como del hecho de que tienes la boca más seca de la historia de la humanidad. Es una sensación pastosa y algo asquerosa. Definitivamente necesitas agua, piensas al tiempo que descubres que tu mano derecha sigue completamente dormida. Pruebas moviendo el meñique arriba y abajo de forma delicada y notas cómo ese extraño hormigueo se extiende por cada poro, cada músculo, cada hueso. Sabes entonces que tu mano será inútil durante al menos dos minutos. Con lo monas que son...

No es que sea vanidosa ni nada de eso, pero siempre he tenido unas manos muy bonitas. Me lo han dicho muchas veces y siempre lo he considerado así. Claro, todo esto, antes de llegar a UK y empezar a trabajar en una cafetería donde además de hacer los cafés, fregaba los platos... Mis manos no son las mismas. Definitivamente, no. Están más estropeadas y más curradas. Son más viejas, supongo. Mi tía Ana solía decirme cuando era yo más jovencita, que tenía manos de pianista o de rica, unas manos de esas para no hacer nada durante toda tu vida, no vaya a ser que se estropeen. Ojalá la vida no fuera tan complicada y pudiera permitírmelo. El caso es que estos días, mis manos lucen bien monas. No al nivel de antaño, pero... No están nada mal.

Y todo porque a principios de semana fui a mi spa -o mi ex spa- como clienta. ¡Qué experiencia tan buena! Un 'peeling' por aquí, una manicura por allá y, mientras, un masaje de cabeza... ¡El paraíso! Fue uno de esos días en los que a una le apetece sentirse una princesa. Aunque sea solamente por un día. Y ni eso... Más bien, un par de horas.Y si a eso le sumas, que mi compi Emily se unió a la manicura y que estaba rodeada de amigas, mejor que mejor. Me aconsejaron de colores -el elegido fue Merino Cool de Essie-, me asistieron con trucos de belleza e hicieron que los tratamientos duraran algo más de lo normal porque tenían tiempo, porque me quieren y me echarán de menos y porque yo lo valgo. Será un día de esos para recordar. De esos a los que se ponen títulos como "el día que jugué a ser pija" o alguna tontería así. En cualquier caso, os advierto: "volveré" y sin el "jugar a". Algún día tendré un pedazo de trabajo y podré permitirme ese tipo de cosas sin sonarme a típicas de otras personas. Eso sí, será porque me lo merezca y me lo pueda permitir y porque me apetezca sentirme princesa de vez en cuando, pero nunca por pija -aunque ahora mismo no deje de sonarme como tal-.



Y, ¿después de eso? Pues lo que vino después, básicamente, es que he estado mala, yendo a trabajar con un mal cuerpo terrible, y el resto del tiempo en cama. Ni Merino Cool, ni princesas, ni nada de nada. Una chica normal rellenita de mocos como yo digo -sí, lo sé, suena de lo más sexy...- y pasando del frío al calor en cuestión de segundos. Lo único que queda de mi glamour de días anteriores, han sido quizá los pañuelos que uso para sonarme la nariz. Nada especial, son 'tissues' de toda la vida pero de un tiempo para acá compro los que vienen en caja de cartón y se queda uno saliente -siempre de forma perfecta- que te permite acceder a ellos en cuestión de un segundo. Tiras del pañuelito de papel y listo. Y, además, el siguiente se pone en posición para ser usado... Me encantan. Tienen ese efecto dramático que los hace perfectos para su uso en el mundo del cine cuando hay un llanto de por medio. Pero bromas a un lado, son mucho más cómodos para tener en casa que el paquetito de plástico de diez únicos 'kleenex'... En fin, para esto he quedado estos días...

2 comentarios:

  1. No sabes como te entiendo, estuve diez días en cama con un gripazo de aupa, usando un pañuelo por segundo, sin exagerar!!!!!!!!!!!
    Que pasada la experiencia del spa, sí, nosotras lo valemos!!!!!!!
    Un besazo guapa

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  2. Si es que esta todo el mundo malo ahora... Y ahora el frío helador otra vez! Así no hay quien se cure en condiciones!!

    Un besazooo!!

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