lunes, 29 de abril de 2013

Contemporánea

'Art relates to perception, not nature'. Con el Festival de Cine Español de Málaga en marcha -nótese que ya ha terminado y que estoy más que contenta por Gracia Querejeta y deseando ver 15 años y un día- me entró el gusanillo artístico. Tenía que hacer algo. He echado de menos estar allí, disfrutar del ambiente que se respira en el centro de la ciudad esos días. Todo es cine. Incluso he echado de menos estar trabajando allí, colaborando en la semana cinematográfica de Málaga por excelencia, aportando un granito de arena más, porque lo cierto es que se pasa muy -muy- bien y da para numerosas anécdotas. Un año más no ha sido posible pero, como digo, me picó el gusanillo cultural. Algo que aproveché para disfrutar de una tarde de lo más artística. ¿Qué fue lo que hice? Podéis darle mil vueltas debido al hecho de que Londres es una de las ciudades con mayor oferta cultural del mundo pero no fui al teatro, ni a un musical, ni al cine... Opté por visitar un museo. Eso sí, no podía ser uno cualquiera.

Esto de asentarse en London y de trabajar para el sector servicios, además de continuar siempre con la búsqueda de un empleo mejor, hace que nunca hayamos tenido tiempo para disfrutar realmente de la ciudad. Por ejemplo, siempre había querido ir al Tate Modern Museum y nunca había encontrado la ocasión de hacerlo... Hasta la semana pasada. Sobre todo, estaba como loca por ir desde que presentaron la retrospectiva de Roy Lichtenstein, uno de los grandes representantes del Pop Art. Por alguna razón, siempre me ha encantado esta rama del arte que lleva la cultura popular al museo, pasando de productos de supermercado al cómic pasando por grandes iconos cinematográficos. Y precisamente, Lichtenstein es, ante todo, conocido por tratar algunos clichés norteamericanos de los años 60 como los roles de género y la idea de una mujer que no es nada sin un hombre a su lado, así como la heroicidad estadounidense ante la guerra. Todo ello, maquillado a través de los cómics Girls' Romances y All-American Men of War. Precisamente es esta etapa de su carrera la que me resulta más interesante y estaba como loca por ver.


Así pues, me puse a ello. La casualidad quiso que mi amiga Bárbara tenga una amiga trabajando en las oficinas del Tate, por lo que no tuve que pagar nada. Todo a pedir de boca ya que, además, me encantó la exposición. Todo un repaso a la carrera de Lichtenstein recorriendo 13 habitaciones que te llevan por cada una de sus etapas desde Brushstrokes y Early Pop a los desnudos y los paisajes chinescos. Como ya he comentado, mi etapa favorita es la del cómic pero la verdad es que la anterior a ésta, también me encantó. Una tostada con mantequilla, un anillo de pedida, una papelera... Pequeños objetos convertidos en arte, llenos de color y buenas vibraciones. Y si algo se repite durante sus distintos periodos artísticos es la técnica de puntos, algo que me recordó a las clases de dibujo -llamadas en mi época: Expresión Artística- de cuando era pequeña y teníamos que usarla en nuestras creaciones, lo que me llevaba a destrozar las puntas de los colores más chillones de mis rotuladores Carioca.

Para terminar la tarde, nos dimos una vuelta por Bankside, un precioso paseo que acompaña al Támesis a la altura del Tate Modern. Y si he de ser sincera, tampoco lo había recorrido nunca -lo sé, soy lo peor, pero no se lo digáis a nadie-. Ese día fue perfecto para hacerlo: hacía un poco de sol -aunque iba y venía-, la gente estaba tirada en el césped, había músicos en la calle... Muy buen ambiente, la verdad. Además, a cinco pasos tuve ante mí el Globe Theatre, una reconstrucción perfecta del más conocido como Teatro de Shakespeare. Y, ¿al otro lado del río? La catedral de St. Paul, únicamente separada de nosotras por el Támesis pero fácilmente alcanzable a través del impresionante puente peatonal Millenium Bridge.

Así que sí. Fue una tarde totalmente aprovechada, llena de cultura, arte, diversión, color y un poquito de sol. Una tarde que me volvió a recordar que Londres es maravillosa. Y es que como yo siempre digo, hasta que no estoy delante de uno de sus increíbles monumentos, no soy consciente de que soy ciudadana londinense.


2 comentarios:

  1. Es bonito el Tate y además creo recordar que tiene wifi gratis y se llena de estudiantes que pintan en lienzos o escriben novelas allí en su entrada.

    Además, te quería decir que el trozo de paseo que acompaña al Támesis a la altura del Globe Theatre, es mi lugar favorito de Londres. Todo el mundo tiene un lugar favorito... ese es el mío, con los arboles decorados con luces de colores. Y el tuyo?

    Un saludo! Y enhorabuena de nuevo por el blog!

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    Respuestas
    1. Pues si te soy sincera creo que aún no tengo un lugar favorito... No sé cómo suena eso, pero diría que no. Tengo muchos que me encantan pero uno solo... Puede que Bankside se convierta algún día en ese lugar especial, ya veremos!

      Muchas gracias por pasarte por aquí!

      Un saludo,
      Irene

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