miércoles, 24 de abril de 2013

Rescue me

Son numerosas las ocasiones en las que cualquier persona siente la necesidad de ser rescatado. No hace falta que sea ante situaciones de peligro, en ese caso hablaríamos además del instinto del ser humano, de una necesidad de supervivencia; pero como digo, no hace falta llegar a ese punto. Cualquier situación que nos lleva al extremo como personas, ya sea ante la toma de decisiones importantes, ante lo desconocido o ante miedos adversos, hace que pensemos en ser rescatados -pidamos ayuda o no-. Y esas personas que están ahí para echarte una mano -aunque no siempre es posible- se convierten en nuestros héroes.

Javi ha sido recientemente todo un héroe, protagonizando una escena que, de haber ocurrido a cámara lenta, habría sido digna de mención en una película de superhéroes al estilo de Los Increíbles. Nada más lejos de la realidad. Javi se disponía a ir al trabajo cuando una mujer que paseaba con su hijo decidió comprar algo en una tienda del barrio. Digamos que era la típica compra de: "menos de un minuto", lo que no quita que la inconsciente mujer dejara el cochecito con el niño en la puerta de la tienda. El problema viene cuando los frenos, o no estaban puestos o no funcionaban, y el carrito se dirigía peligrosamente a la carretera. Javi, que contempló todo desde el principio, reaccionó rápidamente, sobre todo al ver cómo un autobús se acercaba a la escena. Así, paró el cochecito, lo cogió y, mientras el bebé se mostraba de lo más sorprendido al ver a un desconocido haciéndose con su medio de transporte -con él dentro- la madre salía de la tienda asombrada por lo que acababa de pasar y agradeciéndole a Javi su acto heroico del día. El pobre mío, de la adrenalina y la excitación del momento, se quedó sin palabras y prosiguió su camino con el corazón en un puño. Fue un héroe para esa mujer y para todo aquel que viera la escena pero el susto no se lo quitó nadie. 

Pero como decía, hay otras veces en las que por la razón que sea, no es posible ser rescatada. No pensaba compartir esta escena mañanera con vosotros porque aún me causa repelús hablar de ello. Pero aquí estoy... Probablemente, a la mayoría os parezca una tontería pero los que me conocéis bien sabéis lo terrible que soy con los bichos. Tengo fobia -no diagnosticada porque mis padres nunca me llevaron a un psicólogo o a donde hiciera falta- pero literalmente es fobia a cualquier insecto que se os ocurra salvo hormigas, si son de las pequeñitas normales, y moscas. El resto de bichitos provenientes de la madre naturaleza, me causa terror, además de un asco indescriptible. Si hay un bicho cerca y tengo que enfrentarme a él -evidentemente, mi primer instinto sería huir- me pongo a sudar, hago movimientos raros parecidos a espasmos y me quedo en shock. No puedo hacer nada. Una persona normal, aunque tampoco le gusten los insectos y le den asco, terminaría matándolo. Yo tampoco puedo hacerlo, ni siquiera a un mosquito... Es muy difícil de explicar. Es algo que, simplemente, me supera.

En fin, el caso es que la semana pasada cuando sonó mi despertador -el primero-, me levanté, me tomé mi pastilla para el tiroides y me volví a la cama. Tenía 15 minutos más por delante. Cuando sonó la segunda, me levanté, me puse las gafas y, cuando me disponía a ponerme las zapatillas, la vi. Subiendo por mi pierna desnuda... Una araña negra, del tamaño de una moneda de 2 pounds -también vale de 2 euros- subía por la espinilla de mi pierna izquierda... Terror. Como eran las 8 de la mañana me dio cosa dar un súper grito peliculero de los míos, lo que habría sido de lo más normal en mí. Grité, por supuesto que grité, pero el nivel de decibelios fue bastante inferior. No así para Javi, que seguía durmiendo y se levantó de un salto, acordándose de toda mi familia. Pero, no tuvo que rescatarme del todo. Para mi sorpresa, y la de todo el que me conozca, toqué a la araña para darle un manotazo y apartarla de mi -más que nada por la velocidad que llevaba la puñetera-, creo que fue ahí donde grité para ayudarme a combatir el miedo. Y después de mi heroica escena, salí pitando y le pedí a Javi que la encontrara. De no ser así, sería capaz de no volver a entrar a la habitación jamás... Era difícil con nuestra "preciosa" moqueta inglesa azul marino, pero lo hizo. ¡La encontró muerta! Qué manotazo le daría que me la cargué... No quiero ni pensarlo. De hecho, no me lo creía y pensé que era una estrategia de Javi para calmarme, por lo que el pobre tuvo que enseñármela desde lejos. Desde entonces, debido a mi manía persecutoria, cada noche chequeo la cama y, ni que decir tiene, que me pasé como tres noches durmiendo literalmente pegada a Javi y con pijama completo a pesar de tener un edredón nórdico de plumas de pato... Sudando como un pollito cada noche, pero qué le voy a hacer. Yo soy así. Ahora ya cada uno ha vuelto a su espacio en la cama porque el pobre mío no estaba durmiendo casi nada, pero sigo con mi pijama completo y calcetines -'just in case'-.

Y la pregunta es: ¿dónde estuvo la araña antes de que yo la descubriera? ¿En otras partes de mi cuerpo? ¿De dónde salió? Bueno, yo dejo el temita que ya me pica todo y me estoy poniendo nerviosa...

2 comentarios:

  1. jajajajja, Irene,,,, ya has superado el primer escalon chillar y matarla inconcientemente, espero que no tenga otro encuentro con la fauna animal. Si no pregúntale a tu madre con el encuentro en la 3ª fase que tuvo en su cajonera, vamos vamos los pelos de punta se ponen al recordarlo, el héroe fue un compañero de otro departamento, jajajaja, al final nos teníamos que reir, porque pensándolo en frío, era una situación cómica....
    Buena descripción de la escena con la arañita....
    Un besote.
    Isa R.

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    Respuestas
    1. Sí, ya me ha contado lo de la cajonera! Me lo contó en su día pero no me acordaba ya. Eso me pasa a mi... ¡Ay! Mejor no lo pienso...

      Gracias por tus palabras, Isa!
      Un beso,
      Irene

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