martes, 20 de agosto de 2013

S.O.S: La crisis de los 'veintilargos'

Como ya sabéis, Londres me ha dado muchas cosas. Buenas y malas, como todo. Pero sin duda, puedo decir que en esta ciudad estoy creciendo muchísimo como persona y espero que algún día pueda decir que también como profesional. Pero si hay algo que he notado desde que vivo aquí -pronto hará dos años- y es algo que os he dicho más de una vez, es lo que cansa esta ciudad. El ritmo de vida, los horarios de trabajo, el trabajo en sí, el transporte... Sí, supongo que ya estoy medio acostumbrada pero aún así, el cansancio está siempre presente. Y puede que sea por eso por lo que este año no me sentía especialmente atraída por la celebración de mi cumpleaños. Cuando normalmente -y todo el que me conoce lo sabe- me vuelvo loca cuando se acerca la fecha.

El 15 de agosto se acercaba peligrosamente y, al contrario que el año pasado, yo seguía sin estar emocionada al respecto. Mis niñas de John Lewis llevaban semanas y semanas preguntándome qué quería hacer y sugiriendo que teníamos que salir de marcha y 'bla bla bla'. Pero la verdad, era lo último que me apetecía. Evidentemente, al margen del cansancio que provoca esta ciudad y su estilo de vida, imagino que influirá el hecho de que una se está haciendo mayor. Sí, ya sé que sigo siendo joven y todo eso... Pero los años van pasando y ya nada es lo mismo, seamos honestos. Así pues, entre bromas y risas, terminé confesándole a mis amigas que no quería hacer nada por mi cumpleaños: quería los regalos y listo. Por supuesto, se lo tomaron a chiste y yo me reí con ellas. Aunque... la verdad es que lo pensé durante un buen rato. Llamadme egoísta, pero así era como me sentía a una semana de la citada fecha. Pero para no darle más importancia al asunto, en aquella conversación continuamos con la broma y hasta ideamos una forma original de hacerlo: mandando invitaciones a ninguna fiesta, pero dejando claro a los invitados-no invitados que no se libraban de regalarme algo.

Pese a todo, yo seguía dándole vueltas al coco sobre cuál sería el motivo por el que no quería celebrar nada. Hasta que me acerqué -más bien Javi lo hizo- a una pregunta profundamente dolorosa: ¿Es porque me estoy acercando a los 30? ¿Estoy empezando a vivir la crisis de los 30? Puede que también afectara el hecho de que sería mi segundo cumpleaños en Londres y en el primero tuve aquí a mi familia y a mi Antonio y Sarita para festejarlo. ¿Dónde estaban este año? Mis amigos, de vuelta a Málaga y mi familia... De vacaciones en Canadá. Sí, en Canadá. Creo que más lejos no era posible. Pero bueno. No dramaticemos porque la idea de la crisis seguía tomando mucha más forma que la ausencia familiar. Sin embargo -y ante la duda- compartí mis sentimientos con mi amiga Tina -que cumplió los 28 unos meses antes- y cuál fue mi sorpresa cuando me habló de una nueva crisis existencial de la que había leído en una revista. Al parecer, estos últimos años de crisis económica y social, han derivado en una generación -la de los 'veintilargos'- que se encuentra más perdida que nunca. La cuestión es que nos hemos criado pensando que tendríamos la vida resuelta a esta edad y ahora parece que nada funciona. Preguntas como ¿qué hago aquí? ¿Qué hago en este trabajo de mierda? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Para qué he estudiado tantos años? Son cuestiones que, en principio, deberían estar resueltas a esta edad. Es más, recuerdo tener unos 8 años y hablar con mis amigas de la edad a la que nos íbamos a casar y tener hijos... Y sí, lo habéis adivinado. A pesar de ser tonterías infantiles, ya voy muy tarde para todo.


Bromas y crisis al margen... Mi amiga Evelin llevaba un mes deseando celebrar mi cumpleaños y no sabéis lo persistente que puede llegar a ser. Con lo que, evidentemente, no me libré. Pero lo mejor de todo, es que no he tenido una, sino tres celebraciones y, aún quedan algunas pendientes. El día de mi cumpleaños lo pasé con Javi, lo pedimos de descanso y nos piramos de Londres -que sí, que es muy bonita pero que cansa mucho-. Yo estaba obsesionada con ver el mar, será la costumbre, así que nos fuimos a un pueblo pesquero al este de London llamado Whitstable. Un día diferente y tranquilo; justo lo que necesitaba. Y, evidentemente, al día siguiente me tocó fiesta. Se suponía que íbamos simplemente a tomar algo, pero ya se sabe: te lías, te lían... En cualquier caso fue muy, muy divertido. Y como me dio mono de más tiempo 'de chicas', al día siguiente tocó celebrarlo con Patri, que ya hacía tiempo que no nos veíamos. Y hablando, y hablando -como en aquellos tiempos en que compartíamos casa y nos daban las tantas en el salón-, volví acostarme demasiado tarde. ¿Consecuencia de mi cumpleaños? Aún tengo cansancio acumulado... Será de ser joven -y no tan joven al mismo tiempo-.

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