miércoles, 30 de octubre de 2013

Otra Navidad inglesa...

Siempre me ha gustado la Navidad. Más que eso, ¡me encanta! Comidas familiares, calles decoradas, ciudades luminosas, regalos, brindis, villancicos, más regalos, más comida... Soy una de esas personas que se deja inundar fácilmente por el espíritu navideño. Pensaréis que aún es pronto para hablar del tema pero es que aquí en Reino Unido, el espíritu navideño lleva ya un tiempo haciéndose hueco en nuestras cabezas. De hecho, cuál fue mi sorpresa al llegar al trabajo un domingo día 6 de Octubre y descubrir que en John Lewis ya era Navidad. No me lo podía creer: ¡desde el 6 de octubre! Sobre todo, después de que el día anterior mi amiga Tina se hubiera pasado todo el día recordándome -o más bien haciéndome saber, porque yo ni siquiera me había parado a pensar en ello- que sólo nos quedaban dos navidades más como veinteañeras... Así pues, es más que comprensible que después de ese día, en el que además mi amiga Gabi comenzó a cantar el famoso villancico 'Deck the halls': ese que parte del estribillo es "lalalalalaaa lala la laaa" -lo que hace que se te meta en la cabeza y no se vaya durante todo el día-; al ver John Lewis preparado para recibir la Navidad a principios de octubre, pensara que se trataba de una broma.

Una semana después, Oxford Street comenzaba a ser decorada. Y por cierto, este año la iluminación parece que será más fina y elegante que el año pasado. No me entendáis mal, la iluminación del año pasado tenía cosas buenas pero era demasiado y no seguía una misma estética. Hace dos años sí que estuvo mejor: paraguas, cajas de regalos, estrellas y bastoncillos de caramelo. Todo ello hecho de bombillitas, claro. El año pasado dejaron algunos de esos adornos pero añadieron elfos, hadas, muchas luces verdes, y algunos botes de Marmite -producto del que ya os he hablado anteriormente en el post 'English people...'- en el que aparecían fotografías de personas normales y corrientes que introducían una imagen de su cara a través de la web de Marmite... Imagino que la compañía patrocinó la iluminación, algo que nunca pensé posible a pesar de lo cara que debe costar tal parafernalia navideña en una de las principales calles comerciales de Europa. Para este año, han llenado la calle de bolas blancas de diferentes tamaños, aún no sé cómo quedará iluminado -habrá que esperar hasta el 12 de noviembre- pero seguro que queda espectacular, como siempre.

La cuestión es que siempre me ha encantado la Navidad y la he disfrutado como una enana, incluso a pesar de llevar dos años viviéndola aquí, con Javi y con amigos pero sin la familia. Este año estaba muy emocionada porque por fin, Nochebuena y Navidad caían de forma que me podría pillar unos cuatro o cinco días para escaparnos a Málaga y celebrar de nuevo una Navidad familiar. Así es que me pasé como un mes viendo billetes a precios más que asequibles, diciéndole a todo el mundo que iríamos a pasar las fiestas, pero sin comprar nada a la espera de que Javi pudiera tomarse esos mismos días de vacaciones conmigo. Y como podéis imaginar, la respuesta llegó tarde, muy tarde. Ahora todo es carísimo y me niego a pagar más del doble de lo que pagamos normalmente para pasar cuatro días en casa. Sí, es Navidad. Sí, me encantaría estar allí pero cuando no se puede, no se puede. Y sólo pensar que normalmente pagamos menos de la mitad... me parece un timo, sinceramente. Sin embargo, y por más que trate de convencerme a mí misma de que toda esta parrafada es una buena explicación, sigo algo deprimida ante la sensación de que hemos tenido en nuestras manos la posibilidad de pasar una Navidad en familia y la hemos perdido.

Imagen publicada en telegraph.co.uk
Así las cosas, me dije a mí misma que la única opción que me quedaba era recuperar el espíritu navideño a toda costa. O eso, o pasarme deprimida de aquí a enero -no way!-. Era hora de cambiar la actitud y dejar de comportarme como una enana. 'Man up, Irene!', lo que viene a significar algo así como 'Sé un hombre', ya sé que no lo soy aunque el ginecólogo de mi madre dijera que yo iba a ser un niño, pero ya me entendéis... El caso es que decidí reaccionar y lo hice a tiempo. Cogí a mi amiga Tina en nuestro descanso del trabajo y me la llevé a visitar la Christmas Shop de John Lewis... Y así, rodeada de luces de colores, árboles de navidad, muñecos de nieve, Santa Claus y renos varios, recuperé el espíritu. Y de paso, le pasé un poco a Tina. Allí que estuvimos las dos unos 10 minutos con cara de tontas cada vez que veíamos algo mono que no podríamos comprar y diciendo: 'Ohhhh, mira ésto'... Y luego veíamos el precio, nos acordábamos de nuestras vidas y vuelta a la realidad. Pero eso no quita que el espíritu navideño se quedara con nosotras. Y sí, ya sé que es pronto, pero ya tengo ganas de que iluminen Oxford St y de que lleguen las cenas, los villancicos y el jamón serrano de pata negra -no os olvidéis, family... Y el año que viene si yo paso la Navidad aquí, ¡vosotros también!

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