miércoles, 13 de noviembre de 2013

La torre

Esta es la historia de nuestra visita a una ciudad más malagueña... O menos londinense, según como se mire, porque la verdad es que lo que es parecerse -si hablamos de apariencia física- Birmingham y Málaga no tienen mucho que ver, empezando porque la segunda ciudad inglesa no tiene costa. Pero os explico un poco para que entendáis...

Con nuestro aniversario a la vuelta de la esquina y ningún plan a la vista, me puse a mirar por internet como loca y, de casualidad, encontré un apartamento muy mono y no muy caro para quedarnos dos días en Birmingham y unos billetes de tren súper baratos. 'Pues a Birmingham que nos vamos entonces', me dijo Javi. Lo concreté todo en un par de días, una semana antes de nuestro mini viaje y listo: a Birmingham que nos fuimos la semana pasada. Sin una razón más que el aniversario -más que suficiente- y unas ganas locas de desconectar de Londres. Tengo que confesar que cuando el tren comenzaba a frenar y fui consciente de que estábamos llegando a la ciudad, miré por la ventana y todo me pareció bastante feo. Algo que no pasa con la llegada a Oxford, Cambridge o Bath -por poner un ejemplo. Esa sensación se vio corroborada nada más salir de la estación, aunque puede que ayudara bastante el hecho de que los alrededores de la misma estaban en obras...

Selfridges y Saint Martin Church 
Luego llegamos al apartamento, acoplamos nuestras cosillas y a la calle. El primer sitio que visitamos, por alguna extraña razón: el barrio chino, que se encuentra pegado a una de las zonas de marcha de la ciudad. Unos pasos más, y de repente nos vimos paseando por una zona poligonera con numerosos anuncios de shows protagonizados por transexuales. Aquello era cada vez más raro. Y todo para llegar al Bull Ring -traducido como plaza de toros en español-, el principal centro comercial de la ciudad, que no estaba muy lejos de nuestro apartamento. La razón principal de tal visita era conocer el edificio de Selfridges -otra especie de El Corte Inglés muy conocido en UK-. El edificio que la cadena tiene en Birmingham es muy moderno y fue creado con 15.000 discos de aluminio brillante, inspirándose el arquitecto en un diseño de Paco Rabanne. Lo mejor de todo es que tal contemporánea pieza se encuentra enfrente de la Iglesia de Saint Martin, del siglo XIX aunque originariamente construida en el siglo XIII. Y por si esto fuera poco, en una de las zonas abiertas del centro comercial se encuentra una de las esculturas más fotografiadas de la ciudad: un toro de bronce de dos metros, que me recordó al de Wall Street, en Manhattan, aunque el animal tiene diferente postura.

Tras la visita al centro comercial, nos dirigimos a explorar el centro de la ciudad; no tardamos mucho en darnos cuenta de que ya estábamos en él, básicamente. Sin más, nos encontrábamos comparando la ciudad con Málaga: del Muelle Heredia pasamos al centro comercial y, de ahí, a calle Larios. New Street, como se llama la calle Larios de Birmingham, es muy bonita también. Los edificios de alrededor son espectaculares y la calle cuenta con muchísimo encanto. Poco a poco, fuimos descubriendo más edificios, plazas grandes, la biblioteca, el Museo de Bellas Artes, el City Council, el Ayuntamiento... Y lo que más nos gustó de todo fue que absolutamente todo lo recorrimos andando, como en Málaga. Al día siguiente, visitamos la zona de Aston, descubrimos los preciosos canales de Brindley Place y nos llegamos a la Universidad de Birmingham, una de las más importantes del país. No fue fácil, eso sí. Recuerdo que mi padre me dijo que había visto una foto de Birmingham en la que había una torre muy alta. Luego, descubrí que se refería a la de la universidad y, viendo fotos del campus, parecía precioso. Así que allí nos plantamos pensando que sería todo muy antiguo y pintoresco. Sin embargo, no pensamos en la amplitud de la universidad con lo que nuestro objetivo de aquella tarde fue dar con la famosa torre, como si de El Señor de los Anillos se tratara... Al final lo conseguimos y esa zona es bien bonita, aunque únicamente vimos la parte de atrás y ya, después de caminar bajo la lluvia durante todo el día -porque ese segundo día de turismo no dejo de llover ni un segundo-, no hubo manera de dar la vuelta a la manzana. Sobre todo, después de encontrar una cafetería en la que refugiarnos y tomar algo caliente. Fue salir de allí, y correr -más bien caminar a toda prisa- bajo la lluvia hacia la parada del autobús. No sin antes echar un vistazo atrás para despedirme de la famosa torre.

Birmingham University
Y así, paseando por sus calles -que en cualquier momento se convierten en mini autovías, como pasaría en Málaga si recorriéramos Carretera de Cádiz entera- y disfrutando de su gente y su encanto, nos dimos cuenta de que Birmingham se había metido en nuestros corazoncitos. Así que si un día nos cansamos de una ciudad tan grande -y carísima- como Londres, puede que hayamos encontrado candidata, aunque por ahora nos queda un tiempecito considerable por aquí...

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