jueves, 2 de enero de 2014

En el meollo

Antes de nada: Feliz Año a todos mis lectores!!! Ya sabéis que sino luego me olvido, me lío con otras cosas y al final sería capaz de no felicitaos por el nuevo año que acaba de empezar... Que ya me vais conociendo un poco. Y para hacerlo, qué mejor que acudir a esta maravillosa imagen...


Pues sí, como ya os habréis imaginado ahí estaba yo metida en todo el 'meollo'. Ocurrió sin planificarlo, así porque sí. Yo me enteré de que era una posibilidad para Nochevieja ese mismo día por la tarde y la verdad que me echaba para atrás el hecho de pasar tanto frío y la aglomeración de gente. Y al final, entre unas cosas y otras, me animé. Nos animamos y allí que terminamos. Sin saber exactamente dónde estaban las zonas habilitadas para ver los fuegos y sabiendo que donde fuera que estuvieran no dejarían entrar a nadie más pasadas las 22.30h. Pero allí que llegamos nosotros a las 22.15h y después de cenar en un restaurante mexicano a ritmo de reggaeton -como veis, todo muy navideño y típico de Nochevieja. Eso sí, a pesar de decidirlo todo en el último momento, íbamos preparados...  Nuestro paquetito de doce uvas por cabeza envuelto en papel de aluminio no podía faltar, aunque las uvas no fuesen típicas del todo y fueran gigantes, sin pepitas y llegaran de Sudáfrica. Por supuesto, nos las tomamos a las 23.00h, es decir a media noche española. No contábamos con que después de escuchar los cuartos, la aplicación de la SER se quedara colgada con la primera uva preparada y pegando con la comisura de los labios... Así que al final, hubo que improvisar.

Entre la aglomeración de personas había de todo: desde una excursión de jóvenes hindúes liderados por un profesor friki de la fotografía -que cuando empezaron los fuegos no dejó de pedir que la gente cerrara los paraguas-, a un chico que le hizo un álbum de fotos a la novia -misma postura y fondo-, pasando por una madre marchosa que no dejó de bailar ridículamente hasta que empezaron los fuegos acompañada de su hija, de unos 8 años. Que menos mal que la niña aún no estaba en edad de avergonzarse de ese tipo de momentos paternales... En fin, miles de personas de lo más peculiares, igual que pensarían ellos de un grupillo de cuatro tarados que comen uvas al unísono a las 23.00h... Pero era Nochevieja y todo daba igual. Al fin y al cabo, la ilusión era la misma. Es por ello, por lo que cada vez que pasaba un helicóptero de la BBC por encima de nuestras cabezas todo el mundo alzaba las manos y gritaba como si algún familiar en cualquier otro lugar del mundo tuviera tal vista de lince que pudiera reconocerlo... He de reconocer que nosotros también lo hicimos. Y hasta se me pusieron los pelos de punta pensando dónde estaba metida, que sigo viviendo en Londres -que como ya os he dicho otras veces, en ocasiones se me olvida- y que mi madre sabía que yo estaba allí y puede que mientras echaran las imágenes de Londres en el telediario se echara las manos a la cabeza y dijera: "Ay, ay, ay, ahí está metida mi Irene".

Y a las 23.45h se puso a llover. ¡Por supuesto! No olvidemos que vivo en Londres. Y yo sin capucha, ni gorro... Menos mal que llevaba paraguas, aunque luego cierto profesor pidiera repetidas veces que los cerráramos. Al final lo hice y me lié mi pañuelo a la cabeza -tampoco llevaba bufanda no, sólo un pañuelo finito que no me cubrió nada- pero más que nada lo cerré porque también me molestaba el paraguas que yo tenía delante, aunque esa familia no se diera por aludida. Lo importante es que pese a todo, mereció la pena. Fue alucinante y precioso. Y digo 'pese a todo' porque lo que vivimos después sí que fue demasiado... Os podéis imaginar: una masa de gente andando calle abajo a paso de pingüino, literalmente. Nosotros íbamos en fila india y cogidos de las manos para no perdernos pero reconozco que a veces era muy muy complicado. La gente iba tan pegada que una de las veces que me tocó a mí ir la primera en la fila, me topé con un obstáculo y ni me di cuenta hasta que vi que la chica de delante mía seguía avanzando pero yo no... Fue ahí cuando miré para abajo y vi  que un pivote que me llegaba por la cintura me impedía el paso. Fatigoso, sí. Javi todavía se está riendo. Y ya luego, la policía haciendo un tapón para poder restablecer el tráfico y, lo mejor, la estación de metro más cercana cerrando por motivos de seguridad. Vamos, que entra más gente al metro y los primeros que estén esperando el tren se caen a la vía... Así que a casa en bus.

Y toda esta historia para desear un feliz 2014... Pues eso, que se cumplan todos vuestros deseos y el año que ya ha entrado os traiga salud y felicidad. Y ya luego, dinero y amor. Aunque si os lo trae todo, no le vais a decir que no, ¿no?

2 comentarios:

  1. Hola.

    No te puedes hacer idea la envidia ( de la buena) que me das! Adoro Londres, y eso que nuca he estado jejejjee
    Tu blog me ha encantado, tiene mucho estilo y personalidad.
    TE SIGO DESDE YA!!! Y me haria mucha ilusion que tu tambien me siguieras.
    Besitos y felices fiestas :D

    http://www.etlittlethings.com/
    http://www.bloglovin.com/etlittlethings

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    Respuestas
    1. Hola Itziar,

      Muchas gracias por tus palabras y por tu comentario! También por seguirme, of course ;) Me paso ahora mismito por tu blog y por Blogloving!

      Un besazo y Felices Reyes,

      Irene

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